Ramos de palabras

Reflexiones sobre el alma de la sociedad y del ser humano.

La burbuja olvidada de los sueños

Entre una gran diversidad de globos y carrozas, una gran burbuja transparente anunciaba la llegada de los Reyes Magos a lo largo del recorrido madrileño. Esta bola gigante iba coronada con un coqueto corazón rojo y debajo una bailarina vestida de blanco hacía sus acrobacias como si volara, fiel a la burbuja en su trayectoria.

Las personas nos alimentamos de sueños y a veces pequeños “circos” como aquel nos transportan a otra realidad, un lugar lleno de ilusiones, de magia, donde todo es posible. Los verdaderos artistas consiguen hacer soñar a las personas, es fácil cuando los espectadores son niños, ellos viven más cerca de ese mundo ideal del que todos necesitamos alimentarnos, pero hacer soñar a un adulto es harina de otro costal. A mí la burbuja me transportó por unos instantes a ese mundo maravilloso, tal vez a la añorada infancia, porque tengo la suerte de que la mía fuera feliz.

Entonces me pregunté cuánto habría costado hacer soñar, no sólo a mí, imagino que otras muchas personas percibieron sensaciones parecidas. No sé cuánto cuesta sacar un gran globo a la calle ni lo que cobra un acróbata pero desde luego la idea me pareció maravillosa e imaginé que tal vez se hubiera invertido menos dinero en ella que en poner en circulación otras carrozas llenas de luces y otros materiales. Entonces se me vino a la cabeza la pregunta: ¿cuánto cuesta ilusionarse? Lo que cuenta no es el dinero que nos hayamos gastado en nuestros hijos, sino la creatividad que tengamos a la hora de ofrecerles entretenimiento. Lo que ellos más quieren es el tiempo de los adultos. Nos invitan constantemente a que entremos en su mundo, quieren jugar contigo, que imagines cualquier cosa, que les sorprendas y están ansiosos por aprender, por descubrirlo todo.

¿Cuánto de ese tiempo no hemos gastando en las largas colas de tiendas y centros comerciales para elegir, comprar y envolver los regalos? ¿Cuánto no habrán llorado porque no estabas con ellos mientras preparábamos grandes comilonas o  mientras ponías la casa perfecta para los invitados?

Todos lo sabemos, somos conscientes de lo que verdaderamente nos hace felices pero seguimos empeñados en buscar los sueños en otra serie de cosas.

Podemos hablar mucho sobre las desgracias de la infancia en lugares donde los niños sueñan con un vaso de leche o un lugar digno para dormir, pero esta vez, quería dedicarle estas líneas a las carencias que tienen los más cercanos, aquellos que lloran porque sus adultos se han olvidado de cuál es la mejor manera de soñar.

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