Ramos de palabras

Reflexiones sobre el alma de la sociedad y del ser humano.

Al “ave fénix de la sociedad”, esa generación subestimada (también llamada “perdida”)

No está perdida, es el ave fénix de la sociedad

Fuente: lacasadellibro.com

Hace mucho que no escribo. Lo echaba de menos.

La vida nos arrastra, la rutina, el día a día y nos falta tiempo para pensar, mirar alrededor, también al interior y darnos cuenta de si encajamos  en el puzzle donde vivimos o si por el contrario hay piezas que sobran o faltan.

He estado muy ocupada viviendo, me he convertido en una mujer de acción y con mucha iniciativa. Aún así siempre hay un lado reflexivo y tranquilo en mí, ése que resurge, por ejemplo, cuando llega el otoño, camino bajo la lluvia y piso las hojas recién caídas en el paseo de cualquier parque. Y, de pronto, silencio, la noche, la jornada se acaba y las teclas me llaman iluminadas por la luz tímida de una lamparilla comprada en algún bazar barato.

Y esta vez, me llaman para decirle algo a mi generación: no tengáis miedo, levantad la cabeza, nosotros podemos.

¡Cuántos comentarios tenemos que aguantar!: “estos no saben lo que es pasar hambre”, “tanto estudiar, ¿para qué?”, “están criados con leche de almendra”, “no saben lo que es trabajar”, “¡con 30 años en casa de sus padres!”

Pero esta generación también sufre: sueños rotos, frustración, promesas incumplidas, falta de puntos de referencia de actuación y de opinión, espectativas demasiado altas, decadencia, añoranza, lucha, inconformidad unas veces y resignación otras. Nuestros padres nos prepararon para ser los mejores en un castillo de arena construido sobre nubes que se han deshecho, consumidas por su propia atmósfera.

Ellos pasaron el hambre del cuerpo y nosotros pasamos por el hambre del espíritu. “Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5:3). Aunque puede que de aquí a unos años muchos pasemos hambre en los dos sentidos.

Algunos de los que nos subestiman, son los que construyeron castillos sobre terrenos movedizos donde nosotros no elegimos nacer. Y, por falta de valores, de puntos de referencia, estamos reconstruyéndonos a nosotros mismos.  No saldrá a la luz lo que se esperaba de nosotros, saldrá mucho más, porque lo que está haciendo esta generación que llaman “perdida” es sacar de la nada o de las cenizas de lo que un día fue, las nuevas bases para construir una sociedad mejor de la que venimos  (al menos ésa es la intención), aprendiendo de los errores cometidos. Los próximos criterios de actuación están destinados a ser una cocktelera donde el buen sabor de los viejos tiempos se mezcla con las nuevas iniciativas que creemos que funcionarán: eso que aprendimos cuando nos decían que había que ser buenas personas y que de mayores nos dimos cuenta que sólo eran teorías: la tolerancia, el respeto de los bienes ajenos, la justicia, la recompensa a la profesionalidad, la solidaridad, … Esas cosas que los resultados muestran que no se practicaban lo suficiente.

El valor de mi generación no sólo está en construir mecanismos para que la sociedad funcione, sino también en la recuperación económica tan deseada por todos. ¡Sí! Me atrevo a decirlo bien claro. Formamos una gran parte de la solución.  En silencio, esta generación trabaja utilizando todo lo que ha aprendido académicamente y en la escuela de la vida, para que un día pueda ver cumplidos sus sueños. ¿Lo conseguirá? Tal vez sus hijos lo vean. Y digo en silencio porque no se les ve trabajar, no se les ve ganar dinero, ni resaltar en grandes descubrimientos, ni dar grandes discursos políticos. El emprendedor primero idea, piensa, se informa, planifica y lo último es la práctica.

No nos han dejado trabajar. Han metido a las águilas en gallineros, pero como son águilas, volarán alto, sólo es cuestión de tiempo y de que un día se suban a la plataforma adecuada.

No confundir las muestras de disconformidad con las profundas transformaciones que necesitamos

Hace unos días veía las imágenes de las manifestaciones “rodeando el Congreso” y me daban ganas de llorar. El corazón duele al ver cómo la desesperación provoca enfrentamientos, discordias, el echarnos la culpa los unos a los otros.

Creo en el derecho a manifestarse por el descuerdo ante unas medidas que nos quitan parte de lo que somos, de nuestra manera de vivir. El que calla otorga y en este caso hay que gritar bien alto que no estamos conformes con la situación que vivimos. Pero hay que tener en cuenta que así no se solucionan los problemas. Las transformaciones que requiere nuestro país son tan profundas que no se pueden hacer de la noche a la mañana, montando una “revolución”. ¿Son los políticos parte del problema? Puede que sí, pero no podemos echarlos a patadas del Congreso, sino que de manera civilizada hay que poner sobre la mesa nuevas propuestas, formas de actuación, nuevos pensadores, gente atrevida, con carisma, con criterios éticos y seguridad. Debe hacerse así si no queremos terminar de destruirnos a nosotros mismos y los pocos valores que nos quedan en común como la democracia, el respeto a la Ley y a unas normas mínimas de convivencia. Y lo mismo ocurre con otros sectores de la sociedad: hace falta nuevos empresarios, un saneamiento de las altas esferas, gente que sepa hacer las cosas bien y además de buena manera.

Y toda esta pesada carga de responsabilidades, compañeros de generación, nos toca a nosotros llevarla. No lo hemos elegido, pero si hay algo tan inevitable como la muerte, es la propia vida y aquí estamos en este lugar y a esta hora con estudios, juventud, capacidad de análisis, reflexión y sobre todo con capacidad de soñar. No somos la “generación perdida”, somos el “ave fénix de la sociedad”.

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Un pensamiento en “Al “ave fénix de la sociedad”, esa generación subestimada (también llamada “perdida”)

  1. Buenos días,

    Me parecen acetadísimos todos tus comentarios en este artículo y espero de verdad que la generación “perdida” empiece a buscar las soluciones pues son el futuro del país y creo que finalmente serán artífices y protagonistas de ello pues hace falta una regeneración urgente.

    Enhorabuena.

    Un saludo,

    Álvaro Torres

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