Personal·Psicología·Sociología

El nido de tu color. Allí donde siempre podrás volver

“Dame un niño de hasta 7 años y te devolveré un hombre”.

Esta frase, atribuída a los jesuítas, hace referencia a la grandísima importancia que tiene lo vivido en los primeros años de nuestro caminar por el mundo. ¿Qué verdad esconde? La esencia de lo que somos está marcada por aquello que nos “alimentó” al principio. Por eso los malos tratos en la infancia, situaciones de carestía de cualquier tipo u otro entorno desfavorable para un niño tiene repercusiones signficativas en el desarrollo personal y emocional durante la edad adulta. Estas consecuencias también pueden manifestarse en terrenos como el educativo o el profesional y a menudo no están aparentemente relacionados con el desencadentante inicial que ocurrió allá en la primera infancia.

A pesar de los fascinante del tema, quien escribe estas líneas no es ninguna experta en psicología y lamentablemente tampoco en resolver problemas como los descritos anteriormente, pero sólo en base a experiencias vividas, sí que podríamos resaltar la tabla de salvación que suponen unos recuerdos felices en la infancia, el sentimiento de pertenencia a un lugar de origen, el orgullo de saber quién eres y que pase lo que pase por el camino de la vida, aquello siempre permanecerá.

Esta tabla de salvación es el “nido” donde nos desarrollamos los primeros años. ¿A qué podemos llamar “nido” hoy en día? Hasta ahora podíamos hacer referencia a un seno familar con un carácter bien definido donde el niño encuentra TODO lo necesario para hacerse un Hombre en todos los sentidos. Lo importante aquí es fijarse en el terreno personal/emocional.

La cuestión sobre lo que puede definirse como “nido” hoy en día viene dada por las diferentes estructuras familiares que cada vez se dan más variadas en la socedad actual. Quizás los católicos tenemos idealizada la forma tradicional familiar del padre y la madre con hijos viviendo en una misma casa. En realidad, puede que la forma en que está estructurado el “nido” no importe tanto como que sea fuerte, con carácter propio y que sea capaz de garantizar todas las necesidades.

¿Qué le ocurre al “nido” cuando crecemos?

El nido se rompe lentamente a medida que ya no lo vamos necesitando. Pero el camino no es fácil, se tropieza mucho y volvemos una y otra vez a acurrucarnos en aquel lugar, como al principio. Ya lo dice un conocido monologuista, haciendo referencia a la sensación que tenemos cuando parece que todo va mal y nos sentimos solos, pequeños e incomprendidos en un abismo donde no encajamos: “yo sólo quiero volver al vientre de mi madre”.

Y el terror se apodera de nosotros cuando vemos que cada vez queda menos del “nido”. Ya sólo quedan los recuerdos de cuando fue en su esplendor. Los orígenes están tan cambiados que apenas son reconocibles: vuelves a aquel lugar y de pronto un día te das cuenta de que ya no puedes retornar por completo porque entonces tendrías que viajar en el tiempo. Volver…

Aún así, los rescoldos desprenden un calor tan agradable que sabes que jamás encontrarás otro igual.

Entonces los pensamentos se paran en seco y la añoranza trae sentimientos de fortuna: no todos tienen tanto que perder, no todos tienen esta tabla de salvación cuando andan buscando su sitio en el mundo.

Por eso, no es justo que haya quien no tenga ese punto, que como en Ítaca, todo se vuelva de su color. Allí todo encaja. Porque aunque el nido se destruya por completo siempre quedará la fortaleza de haber pertenecido a él y cuando parezca que todo está perdido recurriremos a lo que perdura de alquel hogar para siempre, en el interior de lo que somos.

 

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2 comentarios sobre “El nido de tu color. Allí donde siempre podrás volver

  1. ¡Emocionante!
    … Pero los nidos ahora son un poco diferentes a los que yo recuerdo, a la desbordante ilusión por muchas pequeñas cosas, al respeto, amor y devoción a los mayores, y a olores y sabores que no menciono aquí para no ser pesado…
    Ahora los nidos tienen teléfonos móviles, wasap, un ordenador en cada habitación, sin sentir la necesidad de dar gracias por la comida que está en la mesa (pues se piensa que se tiene derecho a ella…), con los abuelos relegados a analfabetos tecnológicos que no se enteran de nada, sin valorar la importancia de las tradiciones (¡vaya rollo!), o ciertas costumbres gastronómicas, sin darnos cuenta, que ahora, por ejemplo, es Navidad, nos guste o no nos guste, es Navidad. No son Felices Fiestas, es ¡Feliz Navidad!
    Hay personas que hace tiempo ya estamos realizando nuestro personal viaje al “Nido”. Allí está todo lo que consideramos realmente importante. El hombre es un ser de manada, de nido, no es un lobo estepario.
    Pero, ¿que futuro espera al “Nido”?

    1. ¡Totalmente de acuerdo! Muy buena reflexión al artículo y la pregunta final es la que pretendía que la gente se hiciese al leerlo. ¿Están desapareciendo los “nidos” al menos tal y como los conocíamos? Si es así, es más facil perdierse en el camino por la vida ante la falta del punto de referencia principal.

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