Personal·Psicología

El eco de unos tacones firmes

danbo5

Huele a chocolate a pesar de que el quiosco de los dulces ya ha cerrado. Poca gente queda en la calle y las ruedas de los coches rugen menos enfadadas. Ha caído la noche y las percepciones parecen sólo recuerdos del ajetreo que se ha vivido todo el día en una de las zonas más comerciales de Madrid. Ya ha pasado esa madre cargada de bolsas y con el bolsillo arrepentido, el ejecutivo con algún “take away” y la corbata pidiendo a gritos retorcerse y también esa jovencita bien vestida que sonríe porque acaba de comprar el capricho del día, la misma que puede tirar de tarjeta sin que los números de la cuenta bancaria se inmuten ya que vuelven a crecer de forma misteriosa cada mes. También se han ido los mendigos, puesto que ellos  sólo son fieles a su lugar ante las multitudes.

Todos, cada cual con su historia diferente, se han llevado la dormir la prisa, el ruido, los colores, los gestos, los perfumes,… Esta sinestesia que reta la atención de los sentidos a la vez ya ha pasado.

Y entonces es el momento de aceras grandes despejadas, del frío apoderándose del espacio y es el momento del maravilloso ruido de unos zapatos de tacón. El vacío les recompensa con el eco y ellos lo agradecen resonando con más gracia.

Sólo ellos pueden caminar exáctamente con ese compás. La firmeza de esos pasos es el sonido de la seguridad. No importa si Esperanza se quedó tomando copas en la barra de algún bar o si al llegar a casa sólo estará para recogerlos Soledad. Consuelo a veces los guarda, aparece de las bondades más sencillas de la vida y los mima.

No importa de donde vengan,… porque siempre, siempre, la que hace que sigan un sendero recto se llama Libertad.

El tamborileo de esos zapatos es único porque su propietaria decidió comprarlos a ellos y no a otros, quiso pasar por allí a esa hora de la noche y camina de esa manera, escuchando sus propios pasos, erguida porque sabe que la melodía que suena es auténtica. Esos zapatos van cargados de logros, errores, ilusiones, fracasos,… y si el sonido es tan gratificante es debido a que la carga es fruto de decisiones libres. Es el orgullo de vivir nuestra propia vida.

Agradecidas del tiempo tenemos que estar las personas que tenemos la oportunidad y la capacidad de elegir. No pueden decir lo mismo sobre todo muchas mujeres de otra época o de otros lugares. ¿Por qué los pasos resuenan mejor de esta manera? Porque ante el éxito, los frutos son más dulces y ante la equivocación, el aprendizaje más adecuado. Pero, ¿qué ocurre si seguimos el camino que otros nos han marcado por desconfiar de nosotros mismos y que nos ha traído resultados positivos? En este caso se corre un riesgo muy grande y es que del taconeo de nuestros pasos surja una gran interrogación: ¿qué hubiera ocurrido si…?

Vive, vive tu vida con Libertad y el día menos pensado Soledad sólo vendrá cuando necesites calma, rara vez necesitarás a Consuelo porque Esperanza irá siempre a tu lado hasta que puedas al fin alcanzar a Victoria, muy alto, entre tus manos.

Toc, toc, toc… los zapatos llegan a casa y el eco desaparece, el sonido ahora es sordo y vienen dos golpes secos contra el suelo.

Silencio. Es hora de dormir.

En una gran ciudad es muy fácil perderse entre la multitud pero el eco de unos tacones firmes siempre deja huella donde pisan y así, encontrar el camino con soltura.

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