Lengua y literatura·Personal·Sociología

Sin el disfraz de la felicidad

mirar al cielo

Un cielo limpio y claro observa los gatos

pero ellos solo alzan la mirada

cuando ya no queda refugio en los bares.

Bares que recogen motivos por los que brindar

pero también a víctimas de la mentira, del desamor…

a trabajadores formados para una utopía

a infieles, deshonestos, a cocineros del sinsabor.

Sinsabor que arranca el vómito de reinas sin corona,

de bufones sin cascabel, de payasos sin zapatos.

El alcohol y lo que no es alcohol les calmará la sed

de venganza, de sueños, de perdón, de buenos ratos.

Ratos largos servirán para competir tras el teclado

con imágenes de sonrisas seleccionadas.

El premio es para el mejor disfraz de la felicidad,

para el mejor artista de risas retocadas.

Retocadas de mala manera están las almas

de aquellos que olvidaron el latir de su corazón

y ya ni las copas pueden paliar la escasez

de la nobleza, la verdad, la empatía o el amor.

Entonces, una mirada al cielo hace de analgésico

contra el dolor del recuerdo de algo bueno.

Aún hay esperanza.

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