Lengua y literatura·Personal·Psicología·Sociología

A la altura

caminar sola

Tu recuerdo susurra en mis días

mientras tu realidad

es presa ya de otros relieves.

Estoy rodeada de ángeles pero,

las palabras de ninguno están

a la altura del dolor de mis latidos.

Sólo me dejo mecer

por el tiempo y la tinta,

únicos capaces de poner

la rabia y la ira a dormir.

Tú eres quien supo

sacar mi carcajada más fuerte.

Pero ahora ya ese “tú” no existe.

¿Cómo hacer que el mundo entienda

lo dulce que es regodearme

en esa carcajada,…

aunque después todo sea

amargura?

Y me retuerzo, y grito, y muerdo,

y pataleo, y araño, y blasfemo,…

Y después, todo calma.

Nada.

Y todo no es por no tenerte,

sino porque el “tú” de ahora

ya no es merecedor de los secretos

de mi alma.

Otro amanecer está cerca pero,

jamás sabrás cómo es el brillo

de mi mirada renovada.

Tampoco conocerás mis alegrías

en un día cualquiera,

ni a qué olerá mi piel

cuando mis lágrimas ya estén secas.

Camino sola,

con todos mis esquemas rotos.

Pero, no me hace falta entrelazar

mis dedos con otros

para coronar la cima

de la esperanza con mis sueños,

porque hoy el aire me ha dicho

que alguien quiere conocerlos.

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