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Ese aire de otoño también llamado destino

1306255096141_fHace frío, pero no en exceso. La gente va y viene por la calle caminando tranquila, son aquellos que han vencido la pereza antes de salir de casa. A cambio, la ciudad les devuelve un maravilloso espectáculo que se repite cada año. Una vez fuera, cada cual forma parte de él y ya no importan sus retos.

Sí, el otoño nos reta a ser felices cuando se presenta porque todo lo vuelve melancolía. Hay poca luz y muchos árboles diferentes juntos hacen una fiesta donde el confeti es de colores amarillo, rojizo, marrón y anaranjado. Las tiendas de chinos andan demasiado precoces poniendo ya los árboles de Navidad en sus escaparates, la pantalla de la televisión casi huele a perfumes y el bronceado de verano comienza a desaparecer.

Se ha puesto muy de moda eso de “se fuerte”, “ríe a pesar de las dificultades”, “la felicidad está dentro de ti, no en las cosas que te pasan”.

Pues bien, todo esto tiene una réplica: el ser humano también tiene derecho a llorar. En nuestra sociedad se ha creado una especie de competición por mostrar que se es el más feliz. No todo el mundo afronta la misma situación de la misma manera ni todas las circunstancias posibilitan la risa en poco tiempo.

Es cierto que no es sano recrearse en el dolor, pero sí es indispensable soltar lastre, darse el permiso de estar triste el tiempo que sea necesario para después coger un fuerte impulso hacia lo bueno que nos queda por vivir.

Estos meses de tránsito hacia las heladas quizás son el mejor momento para ello, es tiempo de reflexión y, los que la practiquen se darán cuenta del placer que produce pisar unas hojas secas mientras se iba pensando, mirando al suelo pero sin ver nada… El ruido de las hojas de pronto parece hablar y decir: stop! Nos saca de nosotros mismos y hace que volvamos a mirar alrededor.

El lugar y el momento de una hoja caída

Coges una hoja, no sabes porqué y después de caminar unos minutos más la sueltas. La hoja cayó de un árbol concreto y ella jamás pensó que acabaría en otra calle. Así es el destino.

A veces sólo somos una hoja en otoño. Nuestra ubicación en la vida es fruto de un montón de decisiones que tomamos en el pasado pero no podemos olvidar que otras personas o el mismo aire pueden hacernos aparecer en el lugar más insospechado.

Hay que dar gracias incluso de los errores que cometimos y de todo aquello que nos pasó y que creíamos que era malo, porque todo ello nos hace llegar al sitio correcto donde debemos estar en cada instante de nuestra vida.

Una copa de vino, una nueva casa en silencio, un portazo al desamor, alguna que otra ilusión y un puñado de sensaciones que compartir. ¿Soledad o independencia? Todo junto, quizás.

Lo cierto es que aquí y ahora encajan a la perfección. Una vez más remontando el vuelo expectante por el rumbo que coge el aire de este otoño.

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