Lengua y literatura·Personal·Psicología·Sociología

A la altura

caminar sola

Tu recuerdo susurra en mis días

mientras tu realidad

es presa ya de otros relieves.

Estoy rodeada de ángeles pero,

las palabras de ninguno están

a la altura del dolor de mis latidos.

Sólo me dejo mecer

por el tiempo y la tinta,

únicos capaces de poner

la rabia y la ira a dormir.

Tú eres quien supo

sacar mi carcajada más fuerte.

Pero ahora ya ese “tú” no existe.

¿Cómo hacer que el mundo entienda

lo dulce que es regodearme

en esa carcajada,…

aunque después todo sea

amargura?

Y me retuerzo, y grito, y muerdo,

y pataleo, y araño, y blasfemo,…

Y después, todo calma.

Nada.

Y todo no es por no tenerte,

sino porque el “tú” de ahora

ya no es merecedor de los secretos

de mi alma.

Otro amanecer está cerca pero,

jamás sabrás cómo es el brillo

de mi mirada renovada.

Tampoco conocerás mis alegrías

en un día cualquiera,

ni a qué olerá mi piel

cuando mis lágrimas ya estén secas.

Camino sola,

con todos mis esquemas rotos.

Pero, no me hace falta entrelazar

mis dedos con otros

para coronar la cima

de la esperanza con mis sueños,

porque hoy el aire me ha dicho

que alguien quiere conocerlos.

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Lengua y literatura·Personal·Sociología

Sin el disfraz de la felicidad

mirar al cielo

Un cielo limpio y claro observa los gatos

pero ellos solo alzan la mirada

cuando ya no queda refugio en los bares.

Bares que recogen motivos por los que brindar

pero también a víctimas de la mentira, del desamor…

a trabajadores formados para una utopía

a infieles, deshonestos, a cocineros del sinsabor.

Sinsabor que arranca el vómito de reinas sin corona,

de bufones sin cascabel, de payasos sin zapatos.

El alcohol y lo que no es alcohol les calmará la sed

de venganza, de sueños, de perdón, de buenos ratos.

Ratos largos servirán para competir tras el teclado

con imágenes de sonrisas seleccionadas.

El premio es para el mejor disfraz de la felicidad,

para el mejor artista de risas retocadas.

Retocadas de mala manera están las almas

de aquellos que olvidaron el latir de su corazón

y ya ni las copas pueden paliar la escasez

de la nobleza, la verdad, la empatía o el amor.

Entonces, una mirada al cielo hace de analgésico

contra el dolor del recuerdo de algo bueno.

Aún hay esperanza.

Lengua y literatura·Personal

El velo por la toca

“Casamiento y mortaja, del cielo bajan”, dice el refrán, del que se deduce que la hora del matrimonio y de la muerte sólo la sabe Dios o el destino. Bien sea por elección propia o por destino divino, lo cierto es que tres amigas han decidido casarse el mismo año y para despedir su soltería, el resto les preparó un viaje a Salamanca que jamás olvidarán. Las tres futuras esposas recorrieron la ciudad disfrazadas de tunas e interpretaron el siguiente teatro frente al Convento de Las Dueñas, metiéndose en el papel de monjas que abandonan la toca por el velo:

Merche: Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, y bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Mary y Noelia: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Mary (gritando enfadada): ¡¡Hermana Mer!!

Merche: ¿Qué?

Mary: ¡Que ya no quiero rezar más!

Noelia: ¡Ni yo tampoco!

Merche: Pero, ¿por qué?

Mary (cruzándose de brazos): ¡Porque me quiero casar!

Merche: ¡Tú a callar!

Noelia: ¡No nos da la gana!

Merche (muy enfadada): ¿¿¿Quéeee???

Mary y Noelia: ¡¡¡Que tenemos novio!!!

Merche: ¡Anda ya! A ver… ¿cómo se llaman?

Noelia: Alfonso

Merche: ¡Lo estáis flipando!

Mary: ¡Pues el mío, Fernando!

(Merche hace como que suena el teléfono y lo coge)

Merche: ¿Diga? (Risas) Hola, amor… Sí, esta tarde a las 20:00.

(Cuelga el teléfono)

Noelia : ¡¡¿Amooor??!!

Mary: ¿¿A las 20:00??

Noelia y Mary: ¡¡¡Tiene novio!!

Merche: (con cara de gran felicidad): ¡Era Eusebio!

Noelia: ¿Tendrá morro?

Merche: Me habéis pillado. ¡¡Fin del convento!!

Noelia y Mary (con cara de felicidad): Entonces… ¿nos casamos?

Merche (con determinación): Cierto.

 

 

Lengua y literatura·Psicología·Valores

La envidia de los vampiros

Es curioso cuando personas diferentes te hacen la misma pregunta en un periodo de tiempo más o menos corto. Esta vez, lo que me ha traído al blog ha sido: “¿te gustaría ser inmortal?” Y siempre viene la sorpresa cuando digo decididamente: “no”.

La vida está llena de sinsabores, ocurren injusticias que no llegamos a entender, siempre nos preguntamos la causa de una gran enfermedad en un inocente o una catástrofe natural. Pero no merece la pena buscar “porqués”. Muchas personas pierden la fe al pensar en estos casos, otras la reafirman, pero hagamos lo que hagamos, no vendrá nadie a respondernos, por ello, lo mejor es aceptar la vida tal como es, siempre luchando por mejorarla, dejando estar allá donde no tenemos capacidad de actuación. Tal vez lo malo ocurre para que disfrutemos de lo bueno, ¿quién sabe?

De cualquier manera, la cara oscura del mundo no es lo que hace que desee que llegue el día de mi muerte, sino todo lo contrario.

Lo que hace precisamente bella a la vida es que cada instante que pasa puede ser el último. En el subconsciente tenemos a todas horas la certeza de que no somos eternos e instintivamente nuestras acciones son consecuencia de ello.

No hay que vivir con la angustia de que el tiempo se acaba, porque el punto y final llegará en su momento, pero a veces hay que ser conscientes de que no sabemos si habrá otra vida, si tendremos otra oportunidad de viajar a ese lugar, de emprender ese proyecto, de probar esa comida, de estrenar ese vestido que tanto tiempo has guardado en el armario para una “ocasión especial”, de sonreir, de llorar, o de decirle a esa persona “te quiero”.

La inmortalidad le quitaría toda la sal a la vida.

Además, sería bueno fijarnos en las personas que son muy, muy ancianas que, aunque están totalmente sanas dicen con una sonrisa: “yo ya he hecho todo lo que tenía que hacer”. Miran a su alrededor y todo es nuevo, ya el mundo no es como lo recuerdan y conocen a más personas en el “otro barrio” que en éste. Cuando ocurre, queda poco para el relevo en el mundo terrenal y vivir en el recuerdo de los descendientes, de los descendientes de los descendientes,… hasta quedar tan sólo en el recuerdo del murmullo de los árboles.

Economía·Lengua y literatura

El Arte también sufre

La Sanidad y la Educación son sin duda las parcelas de la sociedad donde más duele hacer recortes. Pero, ¿qué hay del Arte? Da la sensación de que una pequeña parte de lo que somos desaparece si nos quitan alternativas de ocio. Al menos es así como lo he sentido cuando he visto que el Liceo podría verse obligado a cerrar temporalmente debido a los recortes de presupuestos tanto públicos como privados.

Disfrutar de la ópera y más aún en este teatro de referencia en toda Europa es un privilegio de sólo unos pocos que se lo pueden permitir. Pero cuando se plantea la posibilidad de que ni siquiera seamos capaces de ofrecer esta forma de ocio, la situación es aún más triste.

La disminución de estos “baños culturales” no sólo ocurre en las altas esferas. La clase media aparta el dinero primero para lo que estrictamente necesario para vivir e ir al cine se está conviertiendo en algo excepcional. Dentro del sector, sobre todo se ven perjudicadas las pequeñas salas y más aún las de los pueblos que en muchas ocasiones no les queda más remedio que cerrar.

El consumo de ocio disminuye y con ello muchos personas dedicadas al mundo del espectáculo se quedan sin trabajo. Reconozcámosle la doble losa que recae sobre ellas: por una parte el hecho mismo de estar en el paro y por otro la prohibición de seguir transmitiendo sentimientos y emociones en el escenario, en la gran pantalla o detrás del telón o las cámaras.

Ofrecer y recibir manifestaciones artísticas es una necesidad que el Hombre ha tenido desde tiempos remotos, así que seguirán existiendo a pesar de la escasez de recursos. Eso sí, dentro del sector se están produciendo cambios principalmente debido a la forma de consumir de los espectadores.

Lengua y literatura·Psicología·Valores

La burbuja olvidada de los sueños

Entre una gran diversidad de globos y carrozas, una gran burbuja transparente anunciaba la llegada de los Reyes Magos a lo largo del recorrido madrileño. Esta bola gigante iba coronada con un coqueto corazón rojo y debajo una bailarina vestida de blanco hacía sus acrobacias como si volara, fiel a la burbuja en su trayectoria.

Las personas nos alimentamos de sueños y a veces pequeños “circos” como aquel nos transportan a otra realidad, un lugar lleno de ilusiones, de magia, donde todo es posible. Los verdaderos artistas consiguen hacer soñar a las personas, es fácil cuando los espectadores son niños, ellos viven más cerca de ese mundo ideal del que todos necesitamos alimentarnos, pero hacer soñar a un adulto es harina de otro costal. A mí la burbuja me transportó por unos instantes a ese mundo maravilloso, tal vez a la añorada infancia, porque tengo la suerte de que la mía fuera feliz.

Entonces me pregunté cuánto habría costado hacer soñar, no sólo a mí, imagino que otras muchas personas percibieron sensaciones parecidas. No sé cuánto cuesta sacar un gran globo a la calle ni lo que cobra un acróbata pero desde luego la idea me pareció maravillosa e imaginé que tal vez se hubiera invertido menos dinero en ella que en poner en circulación otras carrozas llenas de luces y otros materiales. Entonces se me vino a la cabeza la pregunta: ¿cuánto cuesta ilusionarse? Lo que cuenta no es el dinero que nos hayamos gastado en nuestros hijos, sino la creatividad que tengamos a la hora de ofrecerles entretenimiento. Lo que ellos más quieren es el tiempo de los adultos. Nos invitan constantemente a que entremos en su mundo, quieren jugar contigo, que imagines cualquier cosa, que les sorprendas y están ansiosos por aprender, por descubrirlo todo.

¿Cuánto de ese tiempo no hemos gastando en las largas colas de tiendas y centros comerciales para elegir, comprar y envolver los regalos? ¿Cuánto no habrán llorado porque no estabas con ellos mientras preparábamos grandes comilonas o  mientras ponías la casa perfecta para los invitados?

Todos lo sabemos, somos conscientes de lo que verdaderamente nos hace felices pero seguimos empeñados en buscar los sueños en otra serie de cosas.

Podemos hablar mucho sobre las desgracias de la infancia en lugares donde los niños sueñan con un vaso de leche o un lugar digno para dormir, pero esta vez, quería dedicarle estas líneas a las carencias que tienen los más cercanos, aquellos que lloran porque sus adultos se han olvidado de cuál es la mejor manera de soñar.